Grupo Al borde

Habia una vez...

Miércoles 17 de octubre de 2007

"La cultura tiene por misión una nueva creación del mundo"
Rodolfo Kusch

Había una vez un grupo que veía las cosas de otra forma. Sí, de otra, diferente a la forma que veía el resto de las personas que los rodeaban.

Como por entonces muchos, pero muchos, veían las cosas de una sola forma, a los Académicos de la Argentinidad Oftalmológica no les preocupó... “Se trata de un malestar pasajero, que de ninguna manera constituirá una epidemia” - diagnosticaron. Era una época de ideologías centrífugas, de ambiciones hipertróficas, de deseos centrípetos.

Por esa época acudió una plaga de dípteros comedores de heces: “Millones de dípteros no pueden equivocarse, si a estos les apetece no puede ser un mal alimento” - decían los políticos comedores de eses, que convocaban a millones de estos alegres animalitos, asesorados por lepidópteros comunicacionales y coleópteros especialistas en seguridad. Ya se sabe que todo depende del color del cristal con qué se mire y este grupo, se empecinó en mirar con muchos colores.

Se acercaron hadas caritativas, sus hechizos duraron hasta las medianoches, bellos, pero efímeros. También acudieron filántropos licántropos, que mostraron su pelaje y su voracidad ni bien sucedieron los plenilunios.

“La realidad no existe es sólo una imagen” - decían algunos, mientras el grupo creaba la realidad a su semejanza. La hicieron de barro porque, a falta de greda, no hay material más real que el barreal barrial.

Llegaron mesías necias, encargadas de difractar los sucesos, que chocaron con la opacidad de las cosas y agotaron rápidamente su luz. Detractores refractores que opinaban oblicuamente en distintos medios a diferente velocidad de propagación.

Con los ojos bien abiertos anduvieron, imperceptibles para los guardias miopes, mientras reinaron los tuertos, que como se sabe son reyes en nuestro país. Actualmente la presbicia puede traerles alguna dificultad para ver a gran distancia (ya no son tan jóvenes) pero cuentan con jóvenes que les ayudan a ver en forma correcta y cuentan, también, con mucha imaginación.

Y, aunque corran tiempos estrábicos, el grupo sigue mirando fijo a la cara, para ver con los mejores colores, la realidad que quieren cambiar. Cada tanto se juntan para intercambiar sus miradas en el claro de algún bosque, claro.